Sobre Gainsbourg, su película y las drogas

Xitlalitl Rodríguez Mendoza | septiembre 01, 2011

Seguramente recuerdan la escena de Annie Hall en donde Woody Allen estornuda sobre cocaína. Cuando la vi, me sentí agradecida al saber que no era la única que rompía el fino croché del recreo farmacológico: soy la que tiró el único LSD que habríamos de compartir un grupo de amigos y yo, cuando Björk vino a México. Soy la que ha fumado la mejor salvia dos veces y ha soltado el humo antes de tiempo. La que se quemó con la pipa de vidrio y dejó caer el artefacto, rebosante de piedra y de ese sabor a delicioso plástico chamuscado.

Con el cigarro es diferente. Aunque no me considero una fumadora compulsiva ni tengo un elaborado discurso sobre lo mucho que me molesta no poder fumar en lugares públicos, digamos que mi adicción al tabaco es más o menos consistente. Puedo pasar varios días, incluso semanas cuando visito a mis padres, sin tener que encender un cigarrillo, pero por alguna razón, pareciera que mi presencia va implícitamente ligada a este producto. Muchas personas con las que he trabajado dejaron de fumar cuando renuncié o me expulsaron, y ahora, cada que me ven se les antoja un cigarro.

Me declaré fumadora antes de probar el tabaco, fue cuando un amigo me presentó, en forma, al compositor, cantante, actor, maniático sexual, genio de la chanson française y novelista, Serge Gainsbourg. Me prestó un VHS “para ver si así se te quita lo pendeja”, me dijo. El común denominador de los videos era la mala calidad de la cinta, senos hiperbólicos acompañados de bellísimos rostros hentai y mucho humo que revestía a un tipo horrendo.

Foto: cortesía

A mi amigo siempre le agradecí su empirismo hacia mi persona y, aunque nunca me graduó de su tutelaje, siguió alentándome para comprender las letras de Gainsbourg. Además de lo incomprensibles y divertidas que me resultaban, la devoción que ese orejón profesaba al tabaco me trastornó, así que un día le robé un cigarro a mi mamá, lo encendí y vomité. Me sentí feliz.

A partir de entonces me hice francófila, y luego ya no. Pero siempre que hay ocasión de evocar a ese “cabeza de repollo”, como Serge se hacía llamar, no la dejo ir. Éste es el caso: llegó el biopic Gainsbourg. A Heroic Life, dirigida por  Joann Sfar.

Imagen de previsualización de YouTube

Mi comportamiento habitual ante este tipo de novedades siempre viene disfrazado de una holgazanería faldera que aún no logro controlar: no he visto la película. Sin embargo, el trailer ya dejó serias marcas en mis accesorios respiratorios porque, a pesar de que me resulta inevitable fumar cuando escucho “Je t’aime, moi non plus” (aunque sea en los últimos acordes de “¿Sabes de qué tengo ganas?”, de Isela Vega), el hecho de ver a Serge Gainsbourg o alguna representación de él en pantalla, expone las rebeliones más sofisticadas de mis esfínteres. Me mortifico porque esa pieza audiovisual tenga que acabar en algún momento.

La mayoría de los personajes de la película (y de la vida de Gainsbourg) aún siguen vivos. No sé si a Brigitte Bardot, Anna Karina, Jane Birkin y su hija Charlotte les importará verse reflejadas en lo que promete ser una esplendorosa versión. Tal vez sean como muchos franceses que recuerdan a Gainsbourg como un viejito impotente que olía feo. O tal vez no. En todo caso, supongo que a él le habría atormentado mucho más tener que ver su película en una sala de cine “libre de humo”.

Nunca fui buena para los delicados protocolos de las adicciones, pero frente a ésta, me paro con cierto decoro. De lo que estoy segura es que a mí no me queda otra opción que ver el trailer de nuevo y encender un cigarrillo más, hasta que llegue el momento de bajar la película de internet o acceder a una copia pirata para cantar con mi fiel cenicero a un lado, juntos.

Xitlalitl Rodríguez Mendoza

Sobre Xitlalitl Rodríguez Mendoza. (Guadalajara, 1982) Es poeta. Obtuvo la beca de Apoyo a jóvenes creadores del Fonca durnate el periodo 2008-2009. Es autora de los libros de poemas Polvo lugar (2007) y Datsun (2009).

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1 COMENTARIO

  1. Invitame a ver una de esas peliculas contigo.

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