La boda de la prima Antonieta
Una vez tomaste la cámara de video para grabar ese evento. Aunque es muy probable que aquel tape no lo has vuelto a ver desde el 2003, entonces parecía de ultra importancia captar el momento.
Al ritmo de las estrellas que brotaban en el cielo, tú te acercabas poco a poco al lugar. Minutos antes de que todo se diera, desempacaste la cámara y empezaste a grabar. La única luz era la luna y en el monitor todo se veía oscuro. Negro con un montón granos en el aire. Al verlo en la televisión apenas se podían discernir siluetas. Ese momento prodigioso por el que habías estado esperando meses había sido arruinado de tu memoria artificial para toda la vida.
Está en el conocimiento universal que las cosas necesitan luz para verse. Aunque nuestros ojos de pronto pueden percibir objetos en la mitad de la noche, las videocámaras siempre parece que fueron construidas para hacernos enojar. Venimos educados de las fotocámaras que regularmente incluyen un chispazo llamado flash y con el video siempre creemos que las cosas aparecen por magia.
No somos expertos. Hace ya tiempo, en la era del cine antes del cine, los hermanos Lumière plantearon en “El regador regado” (‘L’Arroseur arrosé, 1895) una comedia de situación de solo 49 segundos. Por ser la primer ficción montada en un cuadro, los carnales armaron la puesta en escena tal como montar una fotografía. Cargar una cámara se vuelve, no únicamente apuntarla al centro de la acción, si no encontrar la manera de que ese centro de acción se vea bonito.
Sea una película, un cortometraje, un documental o la boda de la prima Antonieta, debemos poder filtrar la realidad por un lente para una específica audiencia. No es solo sobre capturar el momento, sino la estilización del momento para convertirlo en dicha pieza de arte. ¿Cómo puede ser la boda de la prima Antonieta una pieza de arte? Ese se supone que debe ser el reto. Si bien la pregunta puede abrir otros debates sobre que podemos definir como arte, debemos que tener en cuenta que cada pieza audiovisual ultimadamente representa también una pieza de entretenimiento. Ya sea una película para una audiencia de miles o un video casero para ser visto por 27 parientes.
Cuando vamos al cine a ver Captain America o The Tree of Life podemos salir con un montón de alabanzas y quejas pero de estas últimas pocas, por no decir nulas, le competen al área de la fotografía. Ese es el arte que hace que las movies no solo se vean si no que se vean bien. Incluso en algo como Jackass 3D donde la narrativa tiende más a lo absurdo y documental, hay un trabajo de posicionamiento de cámaras para crear la experiencia interactiva entre evento-lente-audiencia. La herencia directa más de 100 años vieja de “El regador regado” para conseguir la risa del público.
No es un trabajo sencillo. Consiste en toda una especialidad artística que incluso muchos directores de cine no tienen. Yo los quiero interesar más en adquirir un estado mental y visual, antes de abordar cualquier proyecto grabado. Si de verdad te quieres sacar 10.5 en el video que te pidió la maestra ignorante de psicología, proyéctale algo tan vacío como ella, pero que se vea muy, muy bonito.

















