Cine para todos – Octubre

Jesús Brijández | octubre 15, 2011

Amy Winehouse por siempre
Hay algo que todo cineasta debe tener en cuenta, incluso antes de siquiera empezar a hacer cine: La fiesta. Es en los partys donde conoces a los otros cineastas (esos que tampoco hacen cine y los pocos que sí).

Y a lo mejor no es tanto el party. Muchas veces apestan. Lo que sin duda hace la diferencia es el alcohol. Cerveza tras cerveza, y depende como lo veas, te vuelves más invasivo u honesto. A veces ambas cosas. A veces una es consecuencia de la otra. Entre abrazos e interferencias al espacio personal del otro, frente a frente, las ideas fluyen casi tanto como las idas al wáter.
Aunque no son misterio para nadie los efectos secundarios de pistear, todos aquellos que hemos crecido con un tío mexicano lo sabemos de pies a cabeza. Para la gente creativa representa una urgencia de contar todo. Proyectos en ciernes. Proyectos sin terminar. Colaboraciones que nunca serán. Colaboraciones nacidas del cielo. Visiones, revisiones y posibles nuevas emociones. Toda la gama, en partes o completa, a domicilio, gracias al alcohol.
Ser un pedo social difiere bastante de ser un briago solitario, de esos que “toman para tripear”, o incluso de hacer drogas. Cualquier realce psicotrópico que nos damos en la privacidad de la compañía imaginativa corre bajo nuestro propio riesgo, nos haga grandes o nos haga chiquitos. Ser un Straight Edge o Amy Winehouse es cosa tuya. Pero en la calle, las reglas cambian. No hay que ponerse hasta el culo para alcanzar el séptimo sentido. Si tenemos un milímetro de ambiciones vamos a ir a los parties que valen la pena. Again, no por la calidad de la pachanga, sino por la cantidad de alcohol que no nos va a costar (tanto) y por la gente. Verdad: todos los cineastas son mínimo clase-medieros que, agarrándolos de buenas, te pueden pichar una caguama.
Flashback. En Tijuana hay una omnipresencia que se llama “ausencia de algo relevante”. En todos los eventos cine-relacionados de la ciudad, los pichurrientos 3 y medio que hay al año, siempre dominan las mismas personas: los conectados y los que creen que están conectándose. Y esto es hablando de los que están impresos con un logo del gobierno. Los underground nos conformamos con que vaya tu mamá y nuestros compas del Facebook y, la neta, por más hipster que se oiga, ser underground no es un cumplido. Los únicos que deben estar bajo la tierra son los muertos.
Sea la que sea tu situación, al final de cada evento, de los chidos y de los no tanto, en algún salón, club, antro, bar, casa o banqueta, en cualquier rinconcito donde podamos chelear, con una rockola o un buen deejay, apretaditos en la conversación o en el danceo, respirando el oxígeno de tu sudor, borrachos hasta las agujetas, todos venimos del mismo chango. ¿Cuántas primeras impresiones no me han cambiado después de echarnos unos tarros? ¿A cuántos colegas he mandado a la verga después de lidiarlos ebrios? ¿Cuántas veces no me he enamorado? La respuesta para todas está en tu corazón.
La lección es, joven cineasta, incluso antes de hacer cine, ponte a festejar como si fuera 1999.

Sobre Jesús Brijández. Tijuana, 1987. Escritor y productor. Conductor del podcast El Cuarto Chino. Proyeccionista de movies en El Vampi. Blog Twitter

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